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11.3.11

La torpeza del elefante

Hace cosa de un mes, durante una clase en la facultad de Periodismo de la Universidad del País Vasco, salió el tema de Vigalondo y su salida forzada de El País, y la profesora que impartía una materia de cuarto curso en ese momento quiso posicionarse respecto al tema. Su veredicto fue declarar culpable al director cántabro y situarse a favor de aquellos que consideraron su comentario sobre el holocausto como una provocación intolerable y absolutamente irrespetuosa.

Hace dos semanas, Álvaro Bohórquez entrevistó a Jose A. Pérez, autor del sensacional blog Mi mesa cojea y responsable de programas como Ciudad K o en la actualidad Escépticos, quien, preguntado precisamente por esta última producción, respondió que no había tenido problemas con la UPV/EHU a la hora de realizar contenidos salvo en el caso de la facultad de periodismo, donde sí se había encontrado con el impedimento por parte de ésta de grabar (las razones no están explicadas).

Resulta que Nacho Vigalondo estudió Comunicación en la UPV/EHU, aunque no terminó la carrera; y José A. Pérez es licenciado en Publicidad por la misma universidad.

Algo falla si, desde dentro de las universidades (teóricamente centros de formación y creación de profesionales) se cuestiona, critica, dificulta o directamente se ataca en público el trabajo de quienes han salido de su seno y, de una manera o de otra, han conseguido importantes reconocimientos a su labor. Bien cierto es aquello de que nadie es profeta en su tierra, pero actos así hacen recordar, a otra escala, catástrofes sociales como las fugas de cerebros que suceden cuando no se preparan a tiempo los medios necesarios para el progreso. Aunque en este caso las consecuencias no son tan graves, sí que resulta triste comprobar que suceden cosas así, respaldadas además por justificaciones peregrinas o difíciles de entender. Más evidente aún parece la torpeza de una facultad que, lejos de aprovechar la oportunidad para lograr una publicidad magnífica a través de quienes han conseguido que su mensaje llegue lejos, bombardean su propio tejado sin saber que el prestigio se obtiene, sobre todo, logrando que su imagen pública sea fuerte y positiva.

10.3.11

Por qué ver... Buried (Enterrado)

Paul Conroy (Ryan Reynolds) es secuestrado y enterrado vivo en un ataúd mientras trabaja como civíl en Irak. En la caja Paul cuenta con poco más que un mechero y un teléfono móvil para intentar salir con vida.



Es admirable como Rodrigo Cortés aborda el guión imposible de Chris Sparling y lo transforma en noventa y cinco minutos de cine. En ocasiones el ritmo se frena y la sensación de asfixia se pierde, aunque se recupera en el desenlace. Pero todo el peso de la película recae sobre un sorprendente Ryan Reynolds, más conocido por sus papeles de "chico guaperas que altera a las nenas". Llevar sobre sus hombros todo el peso de una película no debe ser fácil, y menos si ello implica vivir dieciseís días de rodaje en una caja. Quizás el secreto está en que deja de ser una interpretación para convertirse en algo real. Reynolds afirmaba que "Rápidamente se convirtió en una fobia mía, porque dadas las circunstancias, en este rodaje, no puedes evitar sentir cómo se echan encima las paredes".

Por qué ver Buried, por la dirección de fotografía, por aprender que se puede mantener la atención del espectador sin sacarlo de una escena durante toda la película, por el montaje que hace de cada fundido a negro un nuevo acto (más propio del teatro). Por ver que Ryan Reynolds es algo más que una cara bonita y un buen cuerpo.

9.3.11

La escena. La red social.

En la red social David Fincher se permite dejar su sello personal, como en la magnífica escena de la competición de remo, donde diversos primeros planos se mezclan con picados y cenitales descarados, todo ello con desenfoques muy marcados y un rítmo frenético que crea una composición casi de videoclip incrustada en medio de la película. Es sin duda la mejor secuencia de la película.



Parte de culpa de tan sublime escena la tiene In the hall of the Mountain King
canción creada por Trent Reznor and Atticus Ross que suena durante la secuencia. No es de estrañar que la banda sonora de la película resultase ganadora en las pasadas galas de los Globos de oro y los Oscar. Pero la banda sonora no solo resulta imprescindible para esta escena en concreto y es que resulta evocadora. Cuando uno se detiene a escuchar el disco puede revivir la película y perderse entre sus títulos. Almost home.

6.3.11

Una construcción rural de la ficción

Los habitantes más ancianos de Logrosán, en Cáceres, son capaces de recordar todavía con una sonrisa nostálgica historias como la de aquella noche de verano. Corrían entonces los años 50, cuando una voz de alarma recorrió todas las calles alertando de un suceso extraordinario que estaba teniendo lugar en la sierra y que podía verse desde la cancha de fútbol. Allí se reunieron aquella noche la mayoría de los vecinos, quienes miraban hacia arriba sin saber muy bien qué estaba pasando exactamente, hacia unas luces misteriosas que se movían y a la vez descendían hacia el pueblo. Entre risas y nervios los habitantes más informados aseguraban que aquellas luces no podían ser otra cosa que extraterrestres que bajaban a la tierra. Los ciudadanos permanecieron allí hasta que, horas después, dos populares vecinos del pueblo aparecieron en la cancha con dos linternas en las manos y con las ropas destartaladas y sucias, relatando que habían subido a la sierra de San Cristóbal, que corona el pueblo, y se les había hecho de noche.

Más allá de la anécdota, el suceso sirvió como sustituto con que rellenar lo que actualmente consideramos una carencia cuando miramos hacia el pasado. Me refiero a los momentos de ocio comunitario proporcionados por medios como la televisión o el cine. A falta de esos elementos capaces de hacer compartir las mismas experiencias a una comunidad, el pueblo de Logrosán encontró aquella noche una excusa ideal en aquella sierra para, no sólo forjar un nexo de unión entre sus ciudadanos, sino también para descubrir sobre San Cristóbal un pedazo grande de ilusión y novedad; para proyectar sobre ella, en definitiva, su propia ficción

5.3.11

A spanish film

Hoy hemos podido leer en El País que Ángel Sala, director del Festival de Sitges, ha sido denunciado por un fiscal acusado de exhibir pornografía infantil en "A serbian film". El artículo decía que
"la fiscalía acusa a Sala de un delito de exhibición de pornografía infantil por permitir el pase de la cinta, en la que aparecen dos imágenes que supuestamente traspasan la legalidad: la violación de un bebé recién nacido y otra de sexo con un niño de cinco años."

El artículo en ningún momento menciona la ficción de la cinta, es decir, no existe tal bebé ni tal niño. La reciente oleada de "moralismo" (por llamarlo de alguna forma) que esta recorriendo el país hace que cada vez me sienta más estúpida. Debemos de tener o los fiscales más astutos o los más ridículos. La noticia continúa con el siguiente párrafo.
"La fiscalía barajó la posibilidad de llamar a declarar también al director de la película y de denunciarle, aunque desistió por la dificultad para imputarle ese delito y de localizarle para que compareciera. Y es que la legislación sobre la exhibición de pornografía con la participación de menores es distinta en cada país y eso hubiera provocado un debate legal de incierto final, pues Srdjan Spasojevic es de nacionalidad serbia."

Claro, por lo visto vivir en Serbia, en el año 2011, debe de ser un gran problema para localizar a uno de los cineastas más de moda. Y para que vamos a quedar como gilipollas delante de toda Europa. Definitivamente sí, creo que tenemos los fiscales más ridículos. Es difícil explicar como, situaciones como esta, me hacen sentir verdadera vergüenza. Hoy si puede decir el señor Javier Moreno que este suceso constituye un insulto a cualquier aficionado al cine y a cualquier persona honesta.
¿Desde cuándo alguien puede decirme qué ver y qué no ver? Creía que el art. 20 de la Constitución Española me protegía. Ilusa. Porque no lo olviden señores, aunque a veces no lo parezca, el cine es ficción.

4.3.11

Krusty es machista


En un capítulo de Los Simpsons, el payaso Krusty pronuncia, como candidato a congresista durante una campaña electoral previa a unas elecciones, un discurso equivocado cargado de frases machistas y lleno de tópicos sobre el papel de la mujer en la sociedad. Obviamente el sector femenino que asiste al mitin se levanta ofendido y comienza a abuchear a Krusty, mientras que Marge, interesada en la victoria del payaso por cuestiones personales, se lanza en su defensa intentando excusasr el contenido del discurso bajo un razonamiento concreto: la idea de que Krusty tan sólo está interpretando un papel en el que parodia los comportamientos sexistas de los auténticos machistas.

Hay ocasiones en las que se hace complicado diferenciar un discurso real de un acto caricaturesco. Hay otras veces en que, aunque el caso es evidente, ese mínimo esfuerzo intelectual que requiere esta lógica de aparentemente fácil comprensión, sencillamente no se quiere realizar. El dato diferenciador que desvela normalmente que el discurso se trata de una parodia es la exageración, característica que requiere toda caricatura. En ocasiones confiar en la inteligencia del público se convierte en un acto de fe demasiado arriesgado.

De qué hablo cuando hablo de comer

La gastronomía cada vez cobra más fuerza en la cultura que nos rodea. Y no es solo labor de grandes cocineros (Andoni Aduríz, Mugaritz; Ferran Adriá, El Bulli). Aunque Mugaritz acaba de presentar su proyecto gastronómico-musical, una banda sonora a partir de la experiencia culinaria que suponen algunos de sus platos, músicos, escritores, cineastas nos mostraron el arte de la cocina mucho antes. Y es que el alimento es un modo de expresión.

Un ejemplo de ello es Kitchen de Banana Yoshimoto. Con su ópera prima Yoshimoto se adentra en el lado más filosófico de la gastronomia. En esas comida repletas de frío y soledad que hacen saborear cada página.

Si uno se adentra en el mundo cinematográfico las posibilidades se vuelven infinitas. Desde Delicatessen y su particular comunidad de vecinos centrados en comer hasta reuniones en grandes banquetes como La cena de los idiotas, con un remake recientemente que no terminó de convencer a nadie.


Bon apèttit!