
El humor de Noguera se basa, sobre todo, en el desconcierto. En inventar procesos de comportamiento disparatados de personas, animales, máquinas o microorganismos. Cuanto más irracional, cuanto más ilógico mejor; pero siempre sin desligar totalmente esos comportamientos de la realidad: tirar del chicle pero dejando un pequeño hilo colgado, lo suficiente para que pensemos que esas cosas pueden suceder de verdad, por qué no, aunque eso fuera entonces tan divertido como incómodo.
El procedimiento de Noguera es lanzar la idea al aire y deconstruirla después. Desglosarla haciendo hincapié en los detalles más estúpidos, los que engordan el carácter surrealista de sus propuestas. Y eso lo hace dejando que sea el espectador quien realice el esfuerzo práctico e imagine esas ideas en su cabeza. Incluso mejor si las refuerza y las amplia. Noguera da el pie y expone su extraño mundo, pero para que la fórmula funcione es necesaria la existencia de pequeños nogueras activos dentro de cada espectador.











